El transporte es uno de los principales contribuyentes a la contaminación ambiental y al cambio climático. En este sentido, tanto los aviones como los trenes generan emisiones de gases de efecto invernadero, pero ¿cuál es el porcentaje de contaminación en los ferrocarriles y cómo se compara con la contaminación generada por los aviones? En este artículo, analizaremos las estadísticas y los datos disponibles para tener una visión más clara de la situación.
La contaminación generada por los aviones
Según un estudio realizado por Greenpeace, los viajes en avión provocan en Europa de media 5 veces más emisiones de gases de efecto invernadero que en tren. Sin embargo, el impacto climático global de volar puede ser hasta 80 veces peor. Esto se debe a que las aerolíneas, especialmente las de bajo coste, tienen ventajas fiscales escandalosas que las hacen más asequibles para los viajeros. Estas ventajas incluyen subvenciones, exenciones fiscales al queroseno y precios injustamente bajos.
El informe de Greenpeace destaca que la injusta regulación de los viajes de larga distancia está socavando el ferrocarril europeo y contribuyendo enormemente a la contaminación del planeta. Los billetes de tren son de media el doble de caros que los aviones, lo que dificulta su elección como medio de transporte sostenible.
Comparación entre trenes y aviones
Según el análisis de Greenpeace, los billetes de tren son el doble de caros que los aviones de media en Europa y hasta 4 veces más caros en el Reino Unido y España. Viajar de Londres a Barcelona puede ser hasta 30 veces más caro en tren que en avión. A pesar de esta diferencia de precios, el impacto climático global de volar puede ser más de 80 veces peor que coger un tren.
El estudio comparó los billetes de avión y tren de 112 rutas europeas diferentes en 9 periodos de tiempo distintos. En el 71% de las rutas analizadas, los vuelos son más baratos que los trenes. Solo 23 rutas europeas son más baratas en tren que en avión, y solo 6 de ellas son operadas por aerolíneas de bajo coste.
Las aerolíneas de bajo coste operan el 79% de las rutas analizadas y en la mayoría de los casos son más baratas que el ferrocarril debido a sus estrategias de precios injustas y agresivas. Incluso los vuelos que incluyen conexiones o transbordos pueden ser más baratos que los vuelos directos para las mismas rutas, lo que provoca un aumento significativo de las emisiones de gases de efecto invernadero.
Reactivar el ferrocarril y reducir la contaminación
Ante esta situación, Greenpeace propone varias medidas para reactivar el ferrocarril y reducir la contaminación generada por los aviones. Una de estas medidas es la introducción de billetes climáticos o abonos únicos de transporte, que fomentarían el uso del tren y del transporte público en general. Estos billetes serían asequibles y válidos en todos los medios de transporte público de un país o una región determinada.
Además, Greenpeace pide el fin de las subvenciones a aerolíneas y aeropuertos, así como la eliminación progresiva de las exenciones fiscales al queroseno. Estas medidas permitirían que el ferrocarril sea más asequible que el transporte aéreo y reducirían drásticamente las emisiones de gases de efecto invernadero producidas por los combustibles fósiles.
Los datos demuestran que los aviones generan una mayor contaminación que los trenes. Aunque los billetes de avión son más baratos en la mayoría de las rutas, es necesario tomar medidas para reactivar el ferrocarril y hacerlo más asequible para los viajeros. Esto no solo contribuiría a reducir la contaminación, sino que también permitiría ofrecer opciones de transporte limpias, eficientes y asequibles que no perjudiquen al clima ni al medio ambiente.
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